Una breve historia de SAÚL
Saúl es un perro no un gato, él es mi
amigo y a la vez es mi mascota, es un perro bastante peludo
y para nada lampiño, cuando era chiquito o
cachorro, él se enfermó de gripe
o constipó; cuando mi
mascota llegó a mí casa era muy tímido y no jugaba. El primer día que estuvo en
casa lo llevamos al veterinario o médico de mascotas, quien nos dio la
explicación de por qué no jugaba como lo hacía en su otra casa, la razón de
esto era que Saúl no estaba aliviado, estaba enfermo de moquillo, el médico nos
dijo que el moquillo era curable pero que a veces no, puesto que de cada 10
perros 5 no sobrevivían, es decir morían, 2 no se aliviaban totalmente así que
era necesario sacrificarlos y de los tres restantes, uno quedaba con tic
nervioso y solo 2 se curaban totalmente, entonces mi papá decidió hacerle un
tratamiento y el médico venía todos los días a ponerle una inyección o ampolla para la fiebre y,
además de ello, era necesario darle cuatro antibióticos o medicamentos más.
Esa medicación o tratamiento se le realizó a mi mascota durante
quince días o dos semanas, en las cuales vimos su recuperación o alivio, pues
los síntomas o malestares no sólo se retiraron, sin que un día, al dejar una
pelota en la cobija de Saúl, él la dañó o destrozó,
de igual forma al día siguiente empezó a divertirse o entretenerse
conmigo.
Después, al cumplir cuatro meses, Saúl
nada arregla, lo destruye,
si dejamos encerrado a Saúl, él se pone triste
es decir no está alegre pues se siente solo
sin su amo, su amo soy yo.
Saúl es muy voluble y tiene una gran
capacidad para arrastrar cosas, él es muy sagaz y no es lento y siempre acierta sin errar
para recoger las pelotas con que jugamos; a veces hay que sedarlo con una dosis
de regaños y no felicitarlo,
pues se pone muy agresivo con los visitantes
en vez de ser amable y pasivo pero así es
Saúl y así es como me gusta a mí.
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